Pasillo con pared de piedra y luz rasante que lleva a la sala de fado

Casa de fado, en el Bairro Alto, desde 1937

Nosotros

Tres plantas en el Bairro Alto, piedra vista y toda una pared de gente que ha cantado aquí desde 1937.

Cómo empezó

Fundada por Armando y Maria de Lurdes Machado en 1937. En la misma sala desde hace noventa años.

Armando tocaba la viola de fado — la guitarra clásica que pone los acordes. Maria de Lurdes, fadista. Abrieron la casa en una pequeña taberna de la Rua do Norte. Al principio se llamó Barrete Verde. El nombre duró poco.

La Adega Machado fue la segunda casa de fado del Bairro Alto. Fue la primera en tener espectáculo todas las noches.

Quién cantó aquí

Amália Rodrigues era de la casa. Madrina de bautizo de dos de los cinco hijos Machado, venía a cenar después de sus actuaciones en el Café Luso. Se sentía en familia y cantaba muchas veces por gusto. Una noche, el entusiasmo la llevó a salir a la calle al frente de una comparsa; detrás de ella fueron los comensales. La policía del Bairro Alto, confundiendo al grupo con una concentración, los hizo parar.

Alfredo Marceneiro cerró aquí su carrera; fue el último lugar donde trabajó contratado. Mariza, con siete años, empezó aquí la suya. Por aquí pasaron Carlos do Carmo, Fernando Maurício, Beatriz da Conceição, Maria da Fé, Celeste Rodrigues — la hermana de Amália siguió cantando aquí hasta casi los noventa años — y tantos otros nombres que las paredes guardan.

Cómo ocurre el fado aquí

No es un espectáculo. Es la casa que recibe a quien viene a cantar. El elenco se elige con cuidado, fadista a fadista. Las noches son largas pero tienen su propio ritmo: el fado ocurre entre los platos, y la cocina se detiene cuando empieza.

Quien viene a escuchar, guarda silencio. Es la regla de la casa — y es la única.

Descubra nuestro menú

Botella de la edición Amálias 100 con la silueta de Amália Rodrigues en la etiqueta
Amálias 100: edición numerada hasta 1920 — el año en que nació Amália.
Estanterías de madera con botellas de vino portugués
La bodega: enteramente portuguesa, casi toda para beber esta noche.
Puerta abierta en el número 91, entre paneles de azulejos, con el pasillo iluminado dentro
Pintura de tres fadistas sobre la sala puesta de la Adega Machado
Nadie colgó este cuadro
para decorar la sala.
Estaba aquí antes que las mesas.
La sala principal · Rua do Norte, 91
Pasillo con mural en blanco y negro de fadistas antiguos y, al fondo, la pared de retratos enmarcados

La fachada, las paredes, la sala

Tres cosas atraviesan el tiempo en esta casa: el panel de la entrada, el legado que cubre las paredes, y la sala donde se canta el fado.

La fachada

La fachada de azulejos es de Thomaz de Mello — Tom — artista plástico luso-brasileño de la segunda generación modernista portuguesa. Dedicó el panel al folclore portugués, al fado, a la guitarra y a Lisboa. Hoy es patrimonio municipal catalogado.

Las paredes

Más de cien fotografías, pinturas y caricaturas del legado de la familia Machado llenan las paredes de la casa. Cada pieza es un fragmento de la historia del fado — y de Lisboa — en el siglo XX.

La sala

La sala se renovó por completo en 2012, tras tres años de obras. De la casa antigua quedaron la fachada y el legado. El resto es nuevo. El sitio donde se canta sigue siendo el mismo.

Letrero de neón vertical con la palabra MACHADO y una guitarra portuguesa, de noche
Panel de azulejos de la fachada con guitarra portuguesa, bandolina y figuras populares
Mural del pasillo con el retrato de una fadista impreso a la altura de la pared
Tres músicos junto a la fachada de azulejos de la Adega Machado, en el Bairro Alto
Sala con lámparas rojas y mural de una fadista con guitarra
Pasillo de piedra con una sala iluminada de rojo al fondo
Tapa de una barrica de madera marcada con el año 2007
Vista amplia de la sala principal con mesas puestas y cuadros en las paredes
Fila de botellas de vino tinto sobre el mantel blanco, junto a la pared de piedra

Reservar una noche en la Adega Machado

El fado empieza a las 20:30. La cocina abre a las 19:00. Hay pocas mesas y las noches se llenan con antelación.

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